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jueves, 16 de abril de 2015

Colombia y la seguridad internacional: exportación de conocimiento contra el Estado Islámico.


El Estado colombiano se ha caracterizado en las últimas décadas por haber refundado en materia estratégica su doctrina y capacidad militar. Se ha puesto en los lugares más sobresalientes en materia de lucha contra el terrorismo y en escenarios asimétricos. En ese sentido, desde el alto gobierno y sectores académicos se empezado a trazar desde hace un par de años, rutas y programas de modelos de exportación de conocimiento pensando en el futuro y proyección estratégica colombiana en un eventual posconflicto. Su zona de cooperación en esta materia no sólo se concentra en los vecinos regionales, su alcance promete ser de carácter global.


Teniendo en cuenta lo anterior, el gobierno de Colombia ha manifestado a Washington y a los aliados de la OTAN que no aportará con hombres al músculo estratégico en la lucha contra el auto denominado Estado Islámico. No obstante, sí ayudará con el entrenamiento de fuerzas contraterroristas.

Un salto cualitativo

El conflicto interno colombiano es un escenario plausible para la reestructuración de capacidades y voluntades de la Fuerza Pública del país. Su dinámica ha permitido que se diseñen, planeen y ejecuten políticas de seguridad que lograron mutar de la contrainsurgencia al contraterrorismo con la acomodación de variables precisas en un salto cualitativo para el planeamiento de la guerra. En ese sentido, la arquitectura en términos de seguridad y defensa en Colombia ha tenido un giro radical pero integral, en la manera de combatir una amenaza asimétrica e irregular como los grupos al margen de la ley y su actividad terrorista.

El diseño estratégico en materia contraterrorista en Colombia ha tenido una evolución sin precedentes en la historia del país. Por un lado, la noción y doctrina de seguridad ha sido asimilada con una visión profesionalizada sobre el deber ser y el rol de las Fuerzas Militares en la seguridad interna del país, así como la dotación estratégica de la Policía Nacional de “militarizarse” y operar de manera combinada con las otras fuerzas. El salto cualitativo en este aspecto recae en el profesionalismo inyectado a la logística, la inteligencia, la interoperabilidad, en la valoración de capacidades, la cultura estratégica, entrenamiento en operaciones especiales, capacitación en Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario y entendimiento del enemigo, su naturaleza, doctrina, relación con el entorno y lo más complejo de todo, comprender que el enemigo encarna una amenaza difusa, gaseosa y asimétrica.

Dicho salto cualitativo, entre lo tradicional en la manera de planear y ejecutar la guerra, a pensar de manera crítica con variables más complejas, responde al conocimiento que las amenazas van mucho más a prisa que las estrategias de los Estados y de los operadores de seguridad. La lucha contra el terrorismo se convirtió en un punto focal y de constante experticia para el Estado colombiano, pues más de sesenta años con el mismo flagelo, que se llamó de distintas maneras a lo largo del desenvolvimiento del conflicto, han sido la caja negra para tomar a Colombia el referente, por lo menos en América Latina, en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y demás amenazas emergentes.

Por otro lado, las necesidades fueron forjando los nuevos diseños y planeamientos para combatir el terrorismo. De ese modo, desde el nivel estratégico se empezó hace aproximadamente quince años a hacer operaciones conjuntas, combinadas y coordinadas entre las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y en ocasiones, operaciones integradas con otras fuerzas de otros países. Así las cosas, este tipo de acciones lograron maximizar beneficios y reducir costos operacionales y tácticos. Integrar las capacidades y dotaciones de del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada ha logrado generar proyecciones multidimensionales ahorrando esfuerzos, minimizando pérdidas y ampliando logros y victorias.

Adicionalmente a lo anterior, se puede sumar una cuarta fuerza a las operaciones tanto en el nivel estratégico como en el operacional y táctico, más precisamente con la Policía Nacional. Colombia ha asignado tareas a comandos, fuerzas de tarea, batallones y unidades especiales, en las cuales convergen conocimientos precisos de las distintas fuerzas junto a la policía. Compartimiento de inteligencia, hombres en tierra, mar y aire, así como canales de comunicación, logística y tecnología. Un insumo complejo pero viable si se piensa en una amenaza como el Estado Islámico.

Lo que exportaría Colombia


Colombia a pesar de encontrarse alejada de las preocupaciones mundiales por su dinámica interna y su complejo conflicto, tiene una serie de elementos, herramientas e instrumentos adaptables como modelos de exportación en la lucha contra el terrorismo. Lo expuesto anteriormente es tan sólo una superficial radiografía del cambio estratégico y doctrinal en el que el Estado se halla inmerso de cara a los problemas no convencionales que lo aquejan.

En ese sentido, Colombia ha aprendido sobre la marcha a enfrentar un enemigo cuasi invisible y altamente destructivo. No obstante, cabe aclarar que en términos conceptuales y de configuración de amenaza la naturaleza del terrorismo del Estado Islámico es distinto al que se ha enfrentado Bogotá.

En ese orden de ideas, es importante mencionar qué elementos o instrumentos en materia de seguridad puede exportar el país para ayudar en la lucha contra el terrorismo, más exactamente contra el Estado Islámico.

El primero de ellos es el entrenamiento en espacios geográficos adversos. En la base militar de Tolemaida ubicada en el Departamento del Tolima, se entrenan los mejores soldados; se capacitan contra toda adversidad fisiológica, climatológica y estratégica los hombres élite del Ejército Nacional (Lanceros). En dicha base, también se preparan hombres escogidos de otras latitudes como los rangers, incluso algunos de los navy seals de importantes operaciones internacionales, otros hombres y mujeres de distintas nacionalidades hacen de la base una plataforma de entrenamiento extremo para formar comandos élite frente a amenazas regulares e irregulares.

El segundo es el conocimiento en desminado. Más de sesenta años han sido necesarios para que las Fuerzas Militares y la Policía Nacional hayan preparado un plan de choque, prevención y respuesta en la detección de minas antipersonales. Dichos artefactos han sido usados tanto en Colombia por los grupos al margen de la ley como en otros países de Centroamérica, África y Asia en la guerra irregular generando pérdidas humanas, mutilaciones e infringiendo cualquier normatividad del Derecho Internacional Humanitario. En este caso Colombia se ha vuelto experta en las operaciones de desminado hasta el punto de ser llamada a ofrecer sus servicios en algunos países de Medio Oriente.

La OTAN se ha convertido en un cliente estratégico al ser el país un generador de recursos y capacidades en la materia. Así las cosas, la coalición internacional del Atlántico Norte puede valerse de este recurso para enfrentar los dispositivos explosivos que han dejado los terroristas del Estado Islámico en los espacios vitales para que pasen las tropas amigas.


Como tercer aspecto, desde Bogotá se ha empezado a tejer una serie de contenidos académicos en entrenamiento y doctrina en la lógica irregular. Así las cosas, desde los centros de educación militar del país, se han empezado a pensar multidimensionalmente en las necesidades del mundo contemporáneo en materia de seguridad y defensa. En estos espacios, la consolidación de encuentros de alto nivel de países potencia en aspectos militares y estratégicos como Estados Unidos, Reino Unido, Corea del Sur, Japón, China y Francia con Colombia, y la materialización de programas de educación continuada, foros y seminarios, demuestra que los programas académicos castrenses son de gran interés por la metodología, la asimilación de las nuevas amenazas y el combate de las mismas. En ese sentido, Colombia ha empezado a exportar academia, metodologías y enfoques analíticos contra el terrorismo global y las demás dinámicas.



Los retos y desafíos en materia de seguridad y defensa en Colombia son de gran envergadura. Teniendo en cuenta lo anterior, es importante resaltar la dinámica de reestructuración estratégica en la lucha contra el terrorismo de cara a un eventual proceso de posconflicto. Así las cosas, otro elemento de tipo exportación en este campo es la rapidez operacional y misional de las fuerzas en aras del interés nacional, la capacidad de las fuerzas de reorientar políticas desde le nivel estratégico hasta el operacional y táctico en tiempo record junto con la Policía Nacional. Un servicio adicional que las potencias pueden adquirir para la lucha contra el Estado Islámico entendiendo su naturaleza difusa y camaleónica.

Un quinto elemento, es la asesoría en la implementación de modelos de Policía y Fuerzas Militares. Este recurso es uno en los que Colombia mejor se desempeña. Su experticia en los modelos de policía militarizada y operaciones conjuntas ha llevado a que desde Bogotá se extrapolen los modelos a Centroamérica y México.

El sector defensa colombiano asesora la restructuración de las policías y fuerzas de Honduras, Guatemala, República Dominicana y Panamá. Una dinámica que responde al crimen organizado transnacional, la gestación del narcotráfico, las sensibilidades y vulnerabilidades de la región así como la intención de Colombia de proyectar poder y posicionarse como un líder en la zona. A la OTAN le ha llamado la atención ese tipo de servicios prestados en Centroamérica, pues los integrantes del tratado, no están acostumbrados a lidiar con amenazas asimétricas que atenten contra su seguridad nacional, por eso, en esta ocasión, el conocimiento en este tipo de fenómenos que ostenta Colombia, se convierte hoy en un enlace necesario y estratégico para combatir las amenazas en Medio Oriente.

Como sexto aspecto y teniendo en cuenta la volatilidad e inestabilidad de los países del Medio Oriente y precisamente en donde se ha configurado el Estado Islámico como una amenaza a la seguridad mundial, Colombia cuenta con el conocimiento de gestionar riesgos en asuntos concernientes con las catástrofes naturales, la prevención de conflictos armados y la gestión de crisis en escenarios internacionales. Insumos de vital importancia en el trabajo interagencial e integral de cara a vencer un flagelo como el del terrorismo.

Colombia es un nuevo referente en materia de seguridad, y si bien ha sido un actor alejado de las dinámicas mundiales, es un buen ejemplo de uso de mecanismos convencionales para enfrentar asuntos no convencionales. Una oportunidad perfecta de cara a su inevitable transformación estratégica en la lucha contra el terrorismo, el crimen organizado y las nuevas amenazas que aquejan a todos los Estados por igual. La diferencia radica en la capacidad de respuesta para enfrentar las amenazas, y Colombia promete exportar conocimiento para dotar a los Estados de confianza para aumentar las capacidades en las respuestas.

Fuente: Defensa.com y autor: César Augusto Niño González es Profesor Titular de la Facultad de Gobierno y Relaciones Internacionales - Universidad Santo Tomás (Colombia).

lunes, 9 de marzo de 2015

El Estado Islámico mueve ficha en África.


Tras varios meses de rumores en Internet, el grupo yihadista nigeriano Boko Haram ha formalizado su adhesión al llamado Estado Islámico a través de un comunicado donde su líder Abubakar Shekau anunciaba su “lealtad al califa de los musulmanes” al cual “escuchará y obedecerá”. Con esta decisión la organización cierra una etapa de ambigüedad sobre su posicionamiento dentro del movimiento yihadista internacional. Desde su reactivación en 2009 el grupo ha buscado activamente situarse tras la sombra de una organización de mayor entidad, tanto en términos de extensión geográfica, como de aceptación y prestigio dentro de la comunidad radical.

Su presentación ante la opinión pública se llevó a cabo de la mano de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), la cual prestó a la organización africana sus canales de difusión de propaganda a través de Internet. Esta padrinazgo, así como el incremento de las alusiones a Nigeria dentro de los comunicados de AQMI hacían presagiar una posible adhesión de Boko Haram hacia Al Qaeda, o al menos hacia su filial magrebí, con la cual podría resultar una alianza más fructífera por razones de cercanía geográfica y fluidez en la comunicación. Sin embargo, los gestos de complicidad entre ambos grupos fueron espaciándose cada vez más, hasta el punto de ignorarse mutuamente.

Durante estos últimos años, la trayectoria de Boko parecía que era la propia de una organización que se mueve de manera independiente (llegó a proclamar su propio Califato), y que a pesar de estar centrada principalmente en el ámbito doméstico no renunciaba a que sus acciones tuviesen un impacto internacional. Su polémico líder ha tenido palabras elogiosas para todos los líderes del universo yihadista, incluyendo a aquellos que como Ayman Al Zawahiri o Abu Bakr al-Baghdadi se encontraba enfrentados entre sí. Con su anuncio del 7 de marzo, el grupo nigeriano se inclina hacia el bloque que ha conseguido alzarse como el “caballo ganador” dentro de esta pugna.

Esta decisión inclina aún más a favor del Estado Islámico/DAESH la balanza sobre la primacía dentro del movimiento yihadista, pudiendo generar un efecto dominó entre otros grupos que se encuentran ante el dilema de donde deben posicionarse en este conflicto de lealtades. En ese sentido, cada vez más son más insistentes los rumores de que la propia filial de Al Qaeda en Siria, Jabhat al-Nusra (JN), está sufriendo una gran presión para que anuncie el fin de su vinculación con Al Qaeda. La organización estaría sometida a la acción de tensiones que apuntan hacia direcciones diferentes. Por un lado, la de algunos de sus líderes y militantes partidarios de converger con el Estado Islámico para ganar efectividad en su lucha contra el régimen de Bashar al-Asad, y por otro lado la presión de otros grupos insurgentes que tratarían de sacar a JN de la órbita de los grupos enemigos de Occidente, para poder formar así un frente que pudiese ser apoyado y financiado explícitamente por el grupo de países que apuestan por derrocar al régimen sirio. Aunque es lógico que muchos de estos rumores sean interesados, no puede descartarse la crisis existencial que se cierne sobre la filial siria de Al Qaeda ante la pujanza operativa y mediática de su principal competidor.

Más allá de sus repercusiones inmediatas, resulta interesante analizar la adhesión de Boko Haram desde la óptica de las dinámicas organizativas. La historia general del terrorismo nos demuestra que las asociaciones y fusiones entre grupos terroristas distintos son una auténtica excepción. En este sentido, la aparición de Al Qaeda supuso un punto de inflexión en este tipo de decisiones estratégicas. El propio Osama Bin Laden impulsó desde un primer momento la fusión y alianza con grupos pre-existentes como una forma de avanzar hacia la creación de un frente internacional capaz de movilizar a todos los musulmanes en la lucha contra “cruzados y judíos”. Sus considerables recursos financieros, la disponibilidad de conocimiento experto y una infraestructura propia de campos de entrenamiento contribuyeron decisivamente a que Al Qaeda pudiese crecer y expandir su ámbito de actuación en la década de los noventa a través de esta política de absorción.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Al Qaeda perdió la capacidad de atraer a otras organizaciones a cambio de contraprestaciones materiales, sin embargo, pudo ofrecer algo aún más valioso: adoptar una marca exitosa de alcance global. Grupos como los creados por Abu Musab al-Zarqawi en Irak o el argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate no dudaron en situarse bajo el paraguas de Al Qaeda para ganar relevancia internacional y facilitar la afluencia de voluntarios y donaciones. A cambio, el grupo de Osama podía seguir justificando su responsabilidad en los ataques contra sus enemigos en una etapa donde sus propias redes operativas habían quedado seriamente dañadas.

Hay autores que consideran que este tipo de acuerdos, lejos de aportar valor a la marca Al Qaeda han terminado siendo una INVERSIÓN desastrosa. Así, por ejemplo, el profesor Daniel Byman considera que la política de expansión que inicia el grupo a partir de 2004 resulta claramente contraproducente. Al Qaeda en Irak y su obsesión contra el enemigo chiita se convirtió en un quebradero de cabeza para Al Qaeda, la cual vio como su imagen quedaba dañada por su asociación con la brutalidad del grupo de Zarqawi contra la población musulmana de Irak. Su afiliación con los argelinos del GSPC tampoco dio los resultados esperados. El grupo magrebí lejos de tomar el testigo de la lucha contra el “enemigo lejano” siguió centrándose en su agenda doméstica, dejando en evidencia que su acercamiento a Al Qaeda había sido interesado. Estas malas experiencias, habrían llevado a Osama Bin Laden a rechazar en varias ocasiones la candidatura del grupo somalí al-Shabab. Un veto que Ayman al-Zawahiri tardaría poco tiempo en levantar tras la muerte de Osama, y que nuevamente ha resultado un mal negocio: la filial africana se ha visto superada por otros grupos armados locales, al tiempo que sufría múltiples escisiones y luchas internas.


¿Significa esto que el Estado Islámico estaría cometiendo con su política de adhesiones los mismos errores que Al Qaeda? 

Según el investigador Aaron Zelin la respuesta es no. La diferencia entre ambas organizaciones es su modelo de expansión. Mientras que el principal objetivo de Al Qaeda era sumar fuerzas a su objetivo estratégico de atacar al “enemigo lejano”, en el caso del Estado Islámico el fin último es seguir expandiendo territorialmente su “califato”. Esto es lo que ha hecho en los últimos meses anunciando la “anexión” de territorio en Argelia, Libia, Egipto, Arabia Saudí, Yemen, Afganistán y Pakistán. Abu Bakr al-Baghdadi no necesita que otros grupos asuman su agenda operativa y prioridades, sino que les basta que se comprometan a administrar las nuevas provincias (Wilayat) del califato siguiendo un modelo de gobierno basado en una implacable y brutal aplicación de la sharia, tal y como se hace en los territorios que gobierna el grupo en Siria e Irak. Esto deja un amplio margen de autonomía para que los distintos afiliados sigan librando su lucha contra sus enemigos domésticos según las particularidades de cada escenario. Se trata, por tanto, de un modelo que hace menos probable el conflicto entre la matriz y los afiliados, ya que el “califa” no necesita micro-gestionar los asuntos de los distintos territorios, ni cambiar el orden de prioridades de sus delegados.

El Estado Islámico ha convertido su eslogan propagandístico: baqiya wa tatamaddad (“mantener y expandir”), en un claro plan de actuación de cara a los próximos años. Se trata de una estrategia que previsiblemente seguirá dando frutos en la medida en que la organización sea capaz de mantener su elevado perfil mediático y seguir presentándose como una fuerza arrolladora llamada a triunfar.

Manuel R. Torres es Profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Sevilla y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI) de la Universidad de Granada (España)

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